¡Ahhhhh! Veo que duermes esta noche, fue un día agotador, tanto ir y venir de tus piernas cansadas. Pero qué pasa ¿Por qué te revuelves en la cama tantas veces? No puedes conciliar un buen sueño, bueno, tu mente de forense tiene demasiada sangre y miembros cercenados para pensar en ovejas esponjosas. Déjame entonces ayudarte ¿Qué ocurre? ¿No confías en mí? Tranquila sólo soy la voz de tu subconsciente, soy tu camino de auto ayuda (…) bien ahora que he decidido que confías en mí, te contaré un cuento…
Bien, imagina primero que eres una importante dama de la aristocracia del siglo XX, tus hermosos vestidos son la envidia de tus amistades, aquellos encajes de seda y ribetes hechos por artesanos chinos que con tantos problemas han conseguido traer ¿Lo has logrado? ¿Sientes la brisa revoloteando como una polilla molesta en tu escote? ¿La noche que hace que tu paraguas, imponente por cierto, se vea fuera de lugar? Toca la tierra con tus zapatos de tacón, los coches elegantes pasan muy cerca de ti. Bien, continuemos.
Mientras caminas a la tertulia de la mano de tu esposo, oyes un grito en la lejanía, un bulto negro cae desde el techo de la estación central, y de pronto, todo queda en silencio. Las gárgolas sobre la techumbre son las únicas que pudieron ver el suceso. Inconscientemente te aferras al brazo de tu hombre, por alguna razón crees saber lo que ha pasado. Toda la gente comienza a arremolinarse, cuando consigues ver, debes llevar rápidamente tu mano a la boca evitándote vomitar ¿Puedes tocar todos esos ir y venir de tu diafragma? Las lágrimas se aprietan en tus ojos y debes sentirte miserable, ve, contémplalo. Es uno de tus sirvientes. Busca el cuadro de la película de terror más sombría que encuentres y recrea esta imagen. Su cuerpo viejo y la sangre coagulada en las extremidades emanaban un olor que hacía que la gente se mantuviera a metros de distancia ¿Estás bien para seguir? Si, lo estás.
La conmoción da paso a la histeria, los transeúntes aterrados se retiran y tú, siguiendo lo que te he dicho lo haces igualmente. Pero volverás, horas más tarde cuando todos se hayan ido, cuando el crepúsculo no sea más que una mancha naranja en el cielo. Que regalo tan grande te ha dado la fortuna, un misterio en pleno siglo XX, tus años favoritos. Vuelves a colocarte en el exacto lugar donde descansaba el cuerpo, tienes una pistola bajo la falda y un cuchillo en el escote ¿Fantasía o realidad? Qué importa, es un cuento (…)
Entras, a parte del sonido de tus propios pasos y la bruma viajera que comienza su tour buscando a quien absorber, no hay nada más que un grupo de borrachos hundiéndose en un charco de brea negra. La sangre que pudo salpicarse en las paredes son meras manchas cafés y los trenes descansan, suspendidas sus jornadas por ese día. De pronto, un fierro cae muy cerca de ti. De no haber frenado de improviso tú… Sacas tu pistola y le apuntas a las vigas sobre el techo, una sombra se escapa ágil por entre ellos y sólo puedes distinguir un par de ojos rojos. Comienzas a perseguirla, las balas le rozan levemente pero ninguna llega a tocarla, te emocionas, te estresas ¡Te exijo que sea lo único que puedas sentir! Pues al momento que la sombra entra a un vagón, el miedo pudo haberte engullido.
La historia nos está resultando muy bien, fíjate en lo real que se siente. Dentro del vagón la sombra ha dejado sus llagas, la madera arañada destapa un olor a vinagre, los asientos de cuero te hacen eco, reclamándote por el aroma a cigarro que se impregnó en ellos. Si pudieras aterrarte, las películas de Resident Evil te hubieran servido de guía y los ruidos de protesta del tren te enloquecerían. Caminas por… ¿Qué? ¿Te detienes? Entiendo, te preocupa la cortada que te hiciste al tropezar con las escalinatas, el pinchazo en tus músculos y el tacto gelatinoso de la sangre deslizándote por tu pierna te son muy reales. Calma, decidí que confiabas en mí y yo decido que debes caminar por los pasillos del vagón.
Al llegar a la mitad del vagón escuchas como una roca cae al suelo, no sabes de donde viene ¿Yo? Lo siento no puedo ayudarte. El silencio nauseabundo hace un apretón en tu corazón, las lámparas que encienden y apagan te hacen respirar más fuerte. Llegas a la puerta de cambio de vagón, la abres lentamente atendiendo a cada sonido que hace la madera al moverse, y, cuando ya está totalmente corrida, ves que del otro lado no hay nada ¿Bajarte del vagón dices? Puede que sea la mejor opción, tu ánimo de resolver el misterio se deshoja, hay una fuerza aún más grande que te hace temblar. Ahora, visualízate recorriendo los galpones, la sombra te persigue pero cada vez que volteas para mirarla ya no está.
¡Ja, ja! Lo has conseguido, round tres, la sinfonía final. El arma tiembla en tus manos al tratar de apuntar, el cuerpo de tu mayordomo no está muy lejos, entero, sin ningún cambio. Retrocedes un paso, ¡vamos, déjate llevar por esta sensación! Así me es más entretenido hilar una idea. Tus ojos como árboles caídos acompañan en la orquesta a tu corazón en carrera, es una melodía hermosa, el pánico transfigurándose en algo palpable. Miras esos ojos rojos y te hago llegar una imagen a la que no le prestaste mucha atención. Lo recuerdas, al entrar hace media hora, el techo estaba vacío. Y la sinfonía fúnebre entra en tu mente sin tocar la puerta.
¿Te cuento algo? Si, mató de un susto a tu viejo sirviente ¿Te cuento algo? Quiere jugar contigo ¿Te cuento algo? Usa la misma técnica todas las noches para atraer presas ¿Te cuento algo para que recuerdes el pánico? Yo, también uso la misma estrategia ¿Te cuento algo mientras avanzo hacia ti buscando a mi nuevo juguete? No servirán de nada tus balas, a fin de cuentas yo te di tus armas, sé como piensas. Yo soy esa gárgola. Pero alégrate quizás pronto sepas como es el paraíso ¿Vamos a la última página? No ruegues ni digas “esto es la fantasía”, mantén los ojos siempre abiertos, pues tu mente lo ha sentido tan claro, pues fue tan bueno y palpable el relato que tu realidad ha puesto el punto final.
¡Este era mi cuento favorito *.* !
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